Ha sido un día desolador. Reviento y mis lágrimas gotean despacio el camino a casa, formando diminutos charcos de amargura. Abro la puerta entre sollozos y entro con la cara avinagrada y la sonrisa hacia abajo. Me miras perplejo, gruño un saludo de esparto. Ignoras mis bufidos, me sonríes con tus ojos sinceros y expiran mis lamentos. Me abrazas con fuerza, me apoyo en tu hombro para seguir recibiendo tu bálsamo de amor. Se aquietan mis miedos y fortaleces mi autoestima.¡Que afortunada soy de quererte y por tenerte! Eres mi asidero, no te quiebres, porque caeré al vacío.
Magdalena Cañas Colomina

Loading...




