Sabemos que la mujer aguanta porque se avergüenza, porque se cree culpable, porque se encuentra sola, porque piensa que a los demás nos va a parecer mal que se separe, porque cree que al seguir demuestra más aguante y valía…
Y es ahí donde interviene la labor encomiable del barrio, de los vecinos, de las propias asociaciones vecinales, en las que cualquier vecino, mujer, encuentra ayuda, afecto, y sobre todo comprensión incondicional. La persona deja de sentirse sola, empieza a sentirse importante para alguien, se le acompaña, se busca asesoramiento para ella. Poco a poco, ya encuentra progresivamente otro significado a su vida, ya empieza a valorarse y a ser consciente de su propia valía, de sus cualidades ahora mermadas, ya es capaz con esta ayuda de ir recorriendo el arduo camino de la independencia emocional, porque en este proceso de ayuda experimenta que puede haber otra alternativa, que el amor no tiene que doler, que eso no es amor, sino dependencia, y empieza a recuperar su propia vida, y a proponerse pequeñas metas que antes tildaba de imposibles en su cruda realidad. Y se ilusiona de nuevo, y sonríe ya en algún momento percibiendo el vínculo profundo de la amistad sincera, y esto le hace evolucionar y seguir adelante, y coger valor para enfrentarse dí día, poco a poco ante el infierno, y empieza a sentirse libre y a Creer que puede salir de
ahí.
Y consigue aumentar sus círculos poco a poco, rompiendo así el aislamiento, y a participar cada vez con más ahínco en su cotidianidad, y a luchar ya de forma más activa, a dejarse ayudar de un modo más continuado y progresivo. Hasta que ya se atreve, se va distanciando de su agresor, se va rodeando cada vez más de otras personas de s entorno inmediato, consigue abrirse camino hacia sí misma, hacia su independencia incluso económica y esto la refuerza en su Autoestima; y un logro conlleva otros cada vez con mayor firmeza y seguridad. Y de esa seguridad sale el valor suficiente para decir basta, y para rodearse de la protección necesaria; y por eso, aquella semilla de comprensión, aquellos acompañamientos sinceros, aquel apoyo incondicional de los
vecinos, del barrio…, de la colectividad …¡dieron por fin su fruto!
Y ya esa mujer jamás volvió a sentirse sola, y empezó a enorgullecerse de sí misma y a pensar que no merecía ser rechazada una y otra vez, ni ser humillada por sus pensamientos o aspiraciones.
Por todo este apoyo incondicional dado a multitud de mujeres, nuestro agradecimiento atodas las Asociaciones de Vecinos, que son el alma viva de la sociedad y de los
barrios.
Compárteme en Facebook