Con un susurro ella le dijo que no cogiera el teléfono, que ya se cansarían de llamar y así con ese pensamiento se tumbaron los dos en la alfombra del salón. En la calle hacia frío y niebla pero allí dentro tan sólo sus ojos estaban empapados…, pensaron en ponerse chubasqueros de colores y montar una tienda de campaña de regaliz de esos que tanto les gustaban, beberían cerveza y no cocinarían. Pero a las 9 volvió a sonar el móvil eran sus padres preguntándoles dónde estaban; ellos estuvieron a punto de responder que en el cielo pero se imaginaron que no les entenderían, así que cogieron sus mochilas metieron sus sueños adolescentes dentro y se fueron cada uno a su casa aunque al día siguiente volverían a quedar para soñar durante cuarenta años…..¡ si hiciera falta!!
Andrea Sáenz Barrios.
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