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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

05

nov 2015

Muchas gracias a todas las personas que nos habéis acompañado esta mañana.
Un placer ver la plaza del ayuntamiento con tanta gente joven.
Os iremos colgando los manifiestos que se han leído.
Empezamos con el del Colegio Compañía de María.

Poesía de 5ºde Primaria
La violencia a un igual, es la ignorancia del mundo actual.
Si hay algo que no se puede entender,
es que si quieres a alguien no le trates bien.

La violencia de género es algo horrible que tiene que acabar,
salir de nuestras vidas y no volver jamás.

No importa tu raza o tu género, ni tu forma de pensar,
lo importante es el respeto hacia todos los demás.

La violencia no soluciona nada, pero sí lo hace dialogar.
Si alguna vez la sufres, no olvides denunciar.
La justicia es la salida contra esta crueldad.

Levantemos nuestras voces ante esta barbaridad,
que nadie sufra este castigo y pueda vivir en libertad.

Cuento de 1ºESO

Caminaba por la acera de la calle con paso firme y confiado. Era la primera vez en mucho tiempo que estaba completamente segura de que estaba haciendo lo que debía.

Sería la primera vez que pisaría un palacio de justicia, la primera vez que estaría frente a un juez. Pero también la primera vez que no sentía miedo y era una sensación agradable.

¡Respiró! ¡Ya no te tengo miedo!, pensó.  E ignoró a todos los que la miraban y comenzó a subir los escalones anchos de la entrada.

 — ¡eh! ¡Espera, tú!—le grito alguien detrás– ¡Espera que tengo que hablar contigo antes de entrar ahí!—.

 Ana no dijo nada, solo le miró a los ojos. También era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo.

–Si quitas la denuncia, te dejaré en paz, ya no te diré nada nunca más, de verdad, Ve y quita la denuncia y te prometo que ya no volverás a verme.

–¿Me lo prometes? ¿Me das tu palabra? –su voz fue profunda, y sonó poderosa.

— Sí, sí, claro, — titubeo sorprendido – Te prometo que no volveré a decirte nada, ni a acercarme a ti, nunca más, ni a mirarte, si me perdonas, no volverás a verme. Te lo prometo—retrocedió un paso asustado—Si quitas la denuncia no te molesto más.

–¡Sí!, tienes razón, – le interrumpió–  puedes estar seguro, que será la última.

Dio media vuelta y subió los cuatro escalones de mármol de la entrada.

Unos minutos después, estaba sentada en un banco duro de madera oscura, a la derecha frente al juez.

Cuando  caminaba de vuelta a casa recordaba todo y cada una de las palabras y de las preguntas que se habían dicho en la sala.

Ahora tocaba olvidar. Y ya había olvidado cuando comenzó todo . Cuando fue la primera vez que decidió poner fin a esta historia.

Olvidar la primera vez que la humilló en público, las de veces que la había desprestigiado delante de otros. Olvidar todos los insultos.

Ahora se sentía con fuerza para volver a llevar su vida. De volver a encontrarse con sus amigos, a los que había tenido que dejar de lado.

Todavía no conocía la sentencia de juez,  pero sí sabía una cosa: volvería a denunciarlo tantas veces como le provocara. No se rendiría. Tenía tantas gana de volver a vivir, de sentir la vida…

Meses después al final del verano llegó una carta certificada del juzgado. Había sido condenado. Dobló la carta y la guardó en una caja de madera en el fondo de un cajón. Nunca volvió a abrirlo.

 

 

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