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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

07

jul 2016

Muchas gracias por acudir esta mañana.
Os dejamos con el manifiesto leído por APROME
Feliz Verano.

Vienen hoy a mi cabeza niños y niñas que han pasado por nuestros centros, en los que hemos visto inicialmente gesto de tristeza, tensión, e incluso miedo, y que, pasado un tiempo, han sonreído con espontaneidad, disipadas las preocupaciones y los temores que les trajeron hasta nosotros.
Estos niños y niñas han vivido un proceso de ruptura conflictiva entre sus progenitores asociada en muchos casos, a violencia de género, lo que constituye una situación de especial vulnerabilidad para los menores. De la forma de afrontar estos hechos va a depender el que puedan desarrollarse armónicamente o verse gravemente afectados.
Los hijos perciben la violencia entre sus padres como una amenaza para ellos mismos, y se pueden sentir culpables, inseguros e impotentes para afrontar esa situación, con miedo a verse abandonados, albergando sentimientos negativos hacia sí mismos y hacia la familia. La exposición a conflictos frecuentes e intensos entre los progenitores, puede producir problemas psicológicos, conductuales, emocionales y sociales en los niños. Puede afectar también a sus futuras relaciones personales y conducir a una legitimación de la conducta agresiva.
La atención preventiva es fundamental, extendiendo una cultura de los “buenos tratos” en la pareja, y la resolución de los conflictos a través del diálogo. También resulta esencial que las familias puedan obtener ayuda especializada en los momentos en que comienzan a surgir las dificultades, aportándoles herramientas que permitan evitar futuras problemáticas. Estas intervenciones nos permiten también detectar situaciones de violencia, y ofrecer orientación, asesoramiento, atención psicológica y otras ayudas, en coordinación con instituciones y recursos especializados.

En muchas ocasiones, las mujeres maltratadas presentan signos depresivos y traumáticos y, una vez dan el paso de separarse, pueden sentirse sin fuerzas para afrontar a la vez sus propios problemas y la atención adecuada de las necesidades de sus hijos. Es muy importante que puedan contar con apoyo profesional, que las ayude a recuperar su salud psicológica y la calidad de su relación con sus hijos. El apoyo recibido por las madres se refleja directamente en una mejor adaptación y mayor protección de los hijos, siendo ésta la prioridad de las mujeres víctimas de violencia de género.
Debemos escuchar a los menores; pero cuando los niños y niñas sufren, a menudo callan. Tenemos que saber leer a través de sus miradas, expresiones y reacciones. Los menores no solo deben ser oídos, sino también comprendidos, acompañados, arropados, atendidos y protegidos. Para eso, hemos de ponernos en su lugar, saber entender lo que les está ocurriendo y cómo se sienten, y aportar todos los medios para atender sus necesidades. Es fundamental en estos momentos una labor de acompañamiento: ayudarles a regular sus emociones; a que entiendan lo que está sucediendo, a dar sentido a la ruptura y a la nueva relación con sus progenitores, así como a adoptar estrategias de afrontamiento activas que les permitan adaptarse y sentirse seguros. Ello hará que puedan continuar con sus vidas sin ser afectados negativamente en su desarrollo.
Tenemos que proporcionar espacios seguros de protección para las madres y sus hijos, y realizar valoraciones individualizadas para cada situación, buscando por encima de todo el superior interés de los menores. Tenemos también que poner medíos para evitar que, quien ha ejercido la violencia pueda socavar el papel de la víctima en la crianza de los hijos y los utilice para seguir maltratando psicológicamente a la madre.
Creemos que la intervención es más efectiva cuando se trabaja desde distintas ópticas, con todos los miembros de la familia y siempre con el foco puesto en los hijos. Debemos mantener a los niños y niñas alejados de los problemas creados por los adultos, sin cargarles con la responsabilidad de tomar decisiones o mantener actitudes que no les corresponden y que puedan hacer que se sientan culpables. Tenemos que dejarles ser niños, reintegrar normalidad a sus vidas, permitirles crecer y desarrollarse, contando con los apoyos que necesitan. Y sobre todo tenemos que intentar alejarles de la violencia.

La protección de la infancia es el motor de nuestra asociación y estoy segura que también la mayor preocupación de la sociedad en general. La violencia contra las mujeres es también violencia hacia sus hijos, y no debemos escatimar esfuerzos para acabar con ella, uniendo estos esfuerzos cada uno desde nuestra área de actuación. La unión hace la fuerza.
Quiero compartir con vosotros y vosotras un deseo: Me gustaría poder decir a las que ahora son niñas que no van a sufrir violencia de género, porque es algo de otros tiempos, que ya ha sido erradicado.
Y me gustaría poder decir a las mujeres que ahora son víctimas, y a sus hijos, que no van a ser maltratados más, porque estamos todos y todas para protegerles.

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