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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

05

jul 2018

Este es el manifiesto que nos han leído esta mañana.
Gracias.
Buenos días:
Gracias, un mes más, por acudir a esta concentración contra la violencia de género.
Cuando Rafael Moneo diseñó este ayuntamiento y plaza, pensó en acoger con los brazos
abiertos de los poderes públicos a la ciudadanía. A partir de la energía de este abrazo,
desde “Movimiento por la Paz” queremos expresar nuestra voluntad de continuar
avanzando junto con todas las personas aquí presentes y con todas las instituciones
públicas, privadas y del tercer sector que hoy representamos, con el fin de lograr una
igualdad plena entre mujeres y hombres y desmontar la violencia de género desde sus
bases.
Creemos necesario trabajar para hacernos conscientes, como personas y como sociedad,
de la discriminación que las mujeres deben soportar por el hecho de ser mujeres, por
haber nacido diferentes en cuanto a su sexo y en un contexto donde priman las normas
tácitas o explícitas que mantienen el patriarcado. Es así como todas las entidades del
tercer sector que trabajamos con mujeres, es decir, TODAS, debemos actuar
incorporando la perspectiva de género.
Nos encontramos con casuísticas en muchas ocasiones muy complicadas, por eso,
hablamos de una doble, triple o cuádruple discriminación donde confluyen realidades
que fomentan la desigualdad y la violencia de género como en el caso de las mujeres
migrantes, de las que viven en medio rurales o de aquellas que se encuentran en
situación de pobreza o de exclusión social.
En primer lugar, es necesario dar luz al colectivo de las migrantes como mujeres
emprendedoras, que inician su proceso por iniciativa propia como un proyecto
autónomo o familiar, con una cualificación profesional superior a la media de su país de
origen y a la vez, como principal sostén económico familiar. Estas mujeres continúan
invisibilizadas, a su llegada a nuestro país, al igual que las mujeres españolas, muchas
trabajan en actividades feminizadas con sueldos y una capacidad de autonomía inferior
a la que los hombres encuentran. Continuemos esforzándonos para fomentar la
deconstrucción de la imagen negativa de las personas migrantes, promoviendo una
interacción activa entre la diversidad existente en nuestra ciudad.
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En segundo lugar, la vulnerabilidad de la mujer en medio rural se hace obvia en los
estudios sobre percepciones, en los que mujeres y hombres consideran que la
desigualdad se ha superado en gran medida, pero las cifras siguen evidenciando estas
realidades: dos de cada tres mujeres siguen siendo las cuidadoras en el caso de
personas dependientes; es un medio masculinizado y envejecido; hay elevadas tasas de
paro donde el 30% de las mujeres realizan trabajo doméstico no remunerado; en las
actividades remuneradas a las que se dedican predominan las jornadas parciales; la
mayor parte de los contratos que superan los 1000€ están firmados por hombres; etc.
Es necesario seguir implementado y facilitando medios para que estas mujeres puedan
acceder a los recursos y que los recursos puedan llegar a ellas.
Por último, queremos dar visibilidad a los rostros de la pobreza femenina: vemos
familias monomarentales donde el aporte económico de la mujer es el principal;
mujeres que trabajan en el sector de los cuidados, o de la limpieza en situaciones muy
precarias; mujeres que ejercen o han ejercido la prostitución; mujeres que se socializan
desde la pobreza creando unas fronteras entre ellas y otras mujeres; y, además, hay una
pobreza encubierta, referida a las mujeres sin ingresos económicos propios,
particularmente en el caso de mujeres que inician procesos de separación donde la falta
de apoyo social crea una cronificación de su situación.
La violencia de contra las mujeres nace de todas estas desigualdades y contra ellas nos
reunimos hoy para darles voz, visión y, ojalá, corazón. Nuestra propuesta sigue en la
línea de crear conciencia para generar consciencia. Para ello, es necesario continuar con
políticas transversales que nos sigan capacitando como agentes implicados en la
construcción de una comunidad como la nuestra donde ya hemos reconocido que existe
un camino aún por recorrer en pro de la igualdad. Nosotros y nosotras, como personal
técnico que trabaja en el ámbito social, tenemos una responsabilidad particular en este
aspecto.
Además, creemos que es necesario desde el ámbito jurídico, no solo juzgar a través de la
interpretación de una ley, sino entender con la cabeza, comprender con el corazón y
empatizar con la persona tildada de víctima o de agresora para trabajar desde esa
empatía y desmoronar el constructo social de género que nos permita vencer este
terrorismo patriarcal.
Nuestra base es el conocimiento del constructo de género y sobre todo, el abrazo al que
volvemos en esta plaza y desde donde os emplazamos a continuar cooperando y
colaborando para conseguir entre todas y todos un futuro mejor.
Muchas gracias

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