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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

05

jun 2013

 

concentracion septiembre3  concentración septiembre2Muchas gracias a todas las personas que nos habéis acompañado esta mañana en la concentración para manifestar nuestro rechazo a la violencia de género.

Manifiesto de Fundación Caja Rioja

Hay cifras y noticias inexplicables que nos dejan perplejos a pesar del escalofrío que produce su lectura. Unos ejemplos: el 90% de las esposas de Pakistán han sido golpeadas por cuestiones tan variopintas como cocinar un plato que no ha gustado a los comensales o no alumbrar a un hijo varón. Hay sociedades en las que se percibe con normalidad lapidar a una mujer porque sale de casa sin su marido, su hermano o su padre. Hay países en los que las niñas no pueden estudiar. Ciudades del mundo en las que las mujeres sólo son atendidas por médicas, se les prohíbe trabajar fuera de casa, conducir, maquillarse o enseñar los tobillos. En El Salvador el aborto no está permitido, aunque el embarazo de riesgo conlleve la muerte de la madre; en Noruega, una de cada 10 mujeres ha sido violada alguna vez; UNICEF estima que 102.000 niñas de edades comprendidas entre los 6 y los 17 años trabajan como empleadas domésticas en Haití, aisladas de sus familias y expuestas a los abusos. Cada día, alrededor de 300 mujeres españolas denuncian agresiones por parte su pareja o expareja. 31 mujeres han muerto en nuestro país este año a causa de la violencia machista.

Son historias, nombres y números que no nos pueden dejar tranquilos. Administraciones, instituciones de diverso ámbito y sociedad tenemos la obligación de buscar los porqués a estas situaciones que por muy tremendas que nos parezcan se producen ahora en todos los países del mundo. Y quizá ahí se encuentre una de las claves: no importa el estado de bienestar de los países porque la violencia machista se manifiesta en todos los ámbitos, en todos los estratos sociales y golpea especialmente a las mujeres que viven en entornos empobrecidos.      La educación en igualdad es una de las claves de esta lacra; educación en igualdad en las escuelas infantiles, colegios públicos y privados, institutos y universidades; y educación en igualdad en la familia.       Igualdad real también en las empresas y administraciones, donde las mujeres cuenten y sean iguales que los hombres, porque lo somos, aunque esta frase suene a anuncio publicitario y tenga el trasfondo trasnochado de vieja aspiración. Porque lejos de disminuir, la brecha salarial entre hombres y mujeres aumenta en España: las mujeres ganan un 22% menos de media al año por un trabajo de igual valor, una desigualdad que se da en mayor medida en el sector privado y que se acrecienta porque los hombres reciben más complementos salariales que las mujeres, unos complementos referidos, por cierto, a la disponibilidad, horas extras o responsabilidad en las funciones desempeñadas. Es una realidad de aquí, España, que se vive hoy, 5 de septiembre de 2013, pero también lo es de Holanda, Alemania, México o Chile.       Es, además, imprescindible que los gobiernos consideren la violencia machista como un problema que hay que resolver y para atajarlo inviertan recursos que se dediquen especialmente a la protección de las víctimas y que pasen, por ejemplo, por facilitarles la justicia, con justicia incluso gratuita en casos de necesidad; que el Estado garantice un lugar seguro para estas mujeres que, en muchos casos, sufren la violencia ante los ojos de sus hijos menores. Tendría que ser de obligado cumplimiento que los presupuestos en el ámbito de las políticas de igualdad no se vean mermados y que las instituciones desarrollen programas específicos en colaboración con las diferentes administraciones y asociaciones que trabajan para terminar con la violencia machista.       No creo en las recetas milagrosas e ignoro si ante este problema habrá una única solución, pero creo que también es esencial que la sociedad visualice que éste, la violencia contra la mujer, es un problema de todos y que las costumbres y tradiciones que dejan a la mujer en un plano de sumisión y desventaja respecto al hombre deben eliminarse de raíz.       Tenemos la obligación de trabajar para que las mujeres puedan recuperar su decisión en diferentes ámbitos y actúen con libertad a secas, que es lo que hace que hombres y mujeres seamos iguales y también, a pesar de la redundancia, libres.       Termino con una frase de Amnistía Internacional: “La violencia contra las mujeres y las niñas es probablemente la violación de los derechos humanos más habitual y que afecta a un mayor número de personas. Está presente en todas las sociedades del mundo, independientemente de cual sea su sistema político y económico. La violencia contra las mujeres no sabe de culturas, ni de clases sociales ni de etnias. Este escándalo cotidiano se manifiesta de diferentes maneras y tiene lugar en múltiples espacios, pero posee una raíz única: la discriminación universal que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo”.

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