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12

jun 2012

Anna Ferrer: “Nacer mujer en la India sigue siendo un castigo”

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Anna Ferrer, no tiene prisas para nada, ni siquiera para que le concedan el Premio Nobel de la Paz. Ha heredado de Vicente Ferrer el carisma de transformar a la gente. Trabajadora incansable, habla con quietud y sin premura, en un perfecto castellano en el que expresa con dolor que, aún en este siglo, sigue siendo un castigo nacer mujer en la India.

Su esencial complementariedad con su esposo les ha hecho invencibles y ahora tira del carro de la Fundación Vicente Ferrer con delicada bravura: “Han sido 41 años con Vicente, los dos éramos una sola cosa y, después de su muerte, la verdad es que la Fundación no lo ha notado ni un sólo día en el trabajo. Sí su ausencia, pero siempre en su persona, no en el trabajo”, nos cuenta en una entrevista que concedió a El Confidencial la presidenta de este organismo el día de la mujer trabajadora.

Este año la Fundación Vicente Ferrer será de nuevo propuesta para el Premio Nobel de la Paz. Moralmente Anna asegura que ya lo han ganado, “No necesitamos el premio, porque tenemos con nosotros el corazón de miles de personas y eso es mucho premio ya”.

Toda una vida

Anna dejó Inglaterra con 16 años y se fue a vivir con su hermano a la India. Como periodista conoció a Vicente Ferrer haciéndole una entrevista. “Me mandaron a hacer un reportaje de un cooperante español rebelde y crítico que le expulsaban de la India, y siempre cuento que esa entrevista ha durado toda una vida. A mí en aquella época lo que me gustaba era contar historias de personas y él era un personaje fascinante. Por eso me quedé a su lado”. Ese artículo sería el último trabajo en el periódico de Anna, porque esa misma tarde decidió convertirse en “la primera voluntaria” de esta misión. “Si algo me ha gustado de él es su convencimiento de que lo imposible puede ser posible. Ese lema es una meta en la vida”

Después del fallecimiento de su marido Anna continúa con la misión de Vicente Ferrer en Anantapur junto a sus hijos. “A mí no me gusta que me llamen su viuda porque él sigue vivo, ¿no notas que está presente en la entrevista?”, bromea. “En España me conocen como la mujer de Vicente, pero en India no“. Su espíritu es el que guía y alienta a los miles de voluntarios de la Fundación esparcidos por el mundo y junto con los que ha decidido ampliar sus objetivos: combatir la violencia ejercida contra las mujeres, ampliar el radio de actuación a otras zonas de La India y abrir orfanatos para niños con VIH, palabras aún tabú en ese país.

Lucha por la discriminación

Para Anna resulta escalofriante a veces estar en un país donde el cincuenta por ciento de la población no es considerada siquiera un ser humano. “Las mujeres en India son personas muy fuertes. El Gobierno mismo les confía a ellas todos los proyectos económicos, porque saben que los usarán para mejorar a las familias. No tienen esta confianza en los hombres. Sin embargo, nacer chica es aún un castigo en muchos de estos países. Hay mucha discriminación todavía. India es una sociedad patriarcal y la mujer es una ciudadana de segunda clase”.

Para gestionar estos problemas la Fundación ha trabajado duro en Anantapur. “Todo es muy lento, pero se notan los resultados: las mujeres han mejorado, están organizadas, gestionan pequeños proyectos de microcréditos, hablan de los problemas y proponen soluciones. Ahora también en la Fundación empezamos a trabajar con la violencia de género, un problema muy fuerte en todo el mundo y en India”.

Uno de los aspectos en los que se basa esta violencia es que “los hombres no creen, de momento, que la mujer sea igual. Cuando empezamos a hablar con ellos ni lo mencionábamos porque, si no, no nos hubieran dejado estar con ellas. Empezamos poco a poco. Ahora todavía creen que en la familia es el hombre el que tiene el poder económico, pero por lo menos aceptan a las mujeres como seres humanos porque antes, muchas veces, las trataban como animales”.

Y Anna sigue al pie del cañón. Si Vicente Ferrer tenía el sueño de que la llama de la Fundación no se apagara, lo ha conseguido, porque esta mujer de raza sigue esparciendo el mensaje a la Humanidad: “Para solucionar la pobreza yo tengo sólo dos manos y se necesitan muchísimas más.”

 

El Confidencial (12/03/12)

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