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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

06

may 2016

Cuento colegio Rey Pastor (Kaperu)

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Mi abuela, que es una pelma, siempre me lo dice antes de salir de casa:

—Ten mucho cuidado ahí fuera, hija, que la calle es una jungla.

Pero yo sé cuidar de mí misma. Yo soy Kaperu, la reina de la ciudad. Mis gra!tis están en todas sus paredes, en los vagones del metro, en las persianas de los bares guays, en el muro trasero del Centro Comercial……

Mi madre fue la que me regaló esta sudadera de color rojo, rojo sangre, esta sudadera con capucha tan molona que siempre me pongo cuando salgo a escribir gra!tis, y por la que comenzaron a llamarme Kaperu.

 

Esta tarde voy a darle los últimos retoques a un gra!ti. Me invitaron a pintarlo las de la Asociación de Mujeres, y también a impartir un taller a un grupo de chicas. Nunca digo que no a esas cosas. Ni siquiera aunque seqan en el barrio del Otxoa, que por supuesto, no le ha hecho ninguna gracia que yo marque su territorio y  hasta me envió un whatsapp, la otra noche:

 

 “Kaperu. Este es mi barrio, no lo olvides. Ten mucho kuidado”.

 

No sé cómo ha conseguido mi teléfono. Me lo tuve que cambiar cuando dejamos de salir.

 

Nos lo pasábamos bien juntos. Al principio. Después, el Otxoa cambió.

Se volvió celoso. No le gustaba verme hablar con otros chicos, ni la ropa que me ponía, ni que la gente dijera que mis gra!tis molaban. Me hablaba con desprecio delante de sus colegas, así que corté con él. Y fue entonces cuando empezó a mandarme whatsapps a saco:

 

 “Kaperu, t kiero”. “Kaperu,vuelbe konmigo.”. “Kaperu, komo me dejes me mato”. “Kaperu, komo nokontestes te mato”…

 

—Ten mucho cuidado ahí fuera, hija, que la calle es una jungla—es como una alarma que se enciende. Miro a un lado, y al otro, y echo a correr hacia la estación. El metro llega. Subo al vagón. Oigo cerrarse las puertas. El metro arranca. Veo el cartel de la parada alejarse. Y al Otxoa bajo él, haciéndose cada vez más y más pequeño. Resoplo aliviada…

He cogido, eso sí, el primer metro que ha pasado. La línea circular. Tardaré algo más en volver a casa con la abu, pero no me importa.

 

Es de noche ya, cuando bajo del metro. Apenas hay gente por las calles.

 

Al doblar la última esquina, veo a alguien que corre hacia el portal.

 

Por si acaso me paro un momento, saco el móvil, y envío un whatsapp:

“Otxoa, déjame vivir en paz, voy a denunciarte”

 

 

Después saco las llaves, coloco una de ellas entre los dedos, dejando que asome su punta, como un pequeño punzón, y me dirijo hacia el portal.

 

—Ten mucho cuidado ahí fuera, hija, que la calle es una jungla —recuerdo una vez más la voz de la abu.

La abu es una pelma, pero se preocupa por mí.

 

Yo, de todos modos, sé cuidar de mí misma. Yo ya no soy una niña , ni Caperucita roja.

 

Yo soy Kaperu, a secas.

 

Kaperu, la reina de la ciudad.

 

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