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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

03

may 2018

En los últimos años el número de casos de violencia de género entre el colectivo de mujeres con discapacidad ha aumentado, esta situación requiere tener en cuenta la singularidades de esta variable en la atención y orientación de estas mujeres, para favorecer su inserción laboral, utilizando no solo nuestros servicios y recursos, sino también, activando sinergia colaborativas con todos los agentes implicados: fundaciones, asociaciones, Instituciones y por supuesto sin olvidar el significado que para estas mujeres supone alcanzar está fase (la búsqueda de empleo) de su proyecto de vida: conseguir su inserción les permitirá retomar el control de sus vidas.
Desde Inserta nos hemos propuesto un objetivo:
Favorecer a través de los servicios y recursos que Inserta Empleo pone a disposición de las personas con discapacidad y en especial al colectivo de mujeres víctima de violencia de género ,su inserción laboral.
El acceso al ámbito laboral supondrá un empoderamiento que permitirá que estas mujeres retomen el control sobre sus vidas, ganando en autoestima, autonomía personal y económica.

PERCEPCIÓN SOCIAL
La mujer con discapacidad se enfrenta a una doble discriminación, por el hecho de tener una discapacidad y por ser mujer. Si comparamos su situación con los dos grupos de referencia (mujeres sin discapacidad y hombres con discapacidad) la discriminación es patente en todos los órdenes de la vida, y se acentúa en el ámbito de la violencia de género.
Podemos afirmar que la mujer con discapacidad sufre más violencia, más grave y durante más tiempo, que la mujer sin discapacidad.
Existen multitud de razones para explicar el porqué. Algunas son inherentes a la propia discapacidad como por ejemplo la menor posibilidad de defenderse o reaccionar frente a los ataques. De hecho, los estudios nos demuestran que cuanto mayor es el grado de dependencia, mayores posibilidades existen de sufrir violencia.
En otras ocasiones, es la percepción social de la discapacidad, y la existencia de falsos mitos sobre la misma, la que fomenta la violencia. Así, se puede llegar a considerar a la mujer con discapacidad como una “mercancía dañada”, una persona con menos valor o como un miembro inferior de la sociedad, carente de los mismos derechos y dignidad que el resto de personas. Dicha percepción hace que, en ocasiones, el maltratador no perciba el abuso y el maltrato como tal, le reste importancia o se llegue a justificar por la condición de la víctima.
No debemos olvidar tampoco que las mujeres con discapacidad tienen y han tenido un menor acceso a la educación, carecen de empleo o este es de menor calidad, y sufren un porcentaje de pobreza mayor que el resto de la población; circunstancias que en algunos casos fomenta la violencia y, en otros, impide salir de ella.
Por último, pero no menos importante, hemos de tener en cuenta la situación de aislamiento en la que se encuentran muchas mujeres con discapacidad, especialmente en el ámbito rural, lo que las convierte en personas más vulnerables y susceptibles de ser objeto de violencia.

MÚLTIPLES OBSTÁCULOS
En el supuesto de que la mujer con discapacidad decida poner fin a la situación de violencia, va a encontrarse con múltiples obstáculos. Al problema de poder expresar y comunicar los malos tratos (especialmente en personas con discapacidad intelectual, enfermedad mental o discapacidad sensorial), se añade la falta de credibilidad cuando, como pueden, relatan las experiencias sufridas. En otros casos, tienen dificultades para acceder a la información necesaria, porque esta no se encuentra en formatos accesibles ni redactada de forma que sea comprensible.
El hecho de estar sujeta a la asistencia y cuidados de otra persona, cuando esa otra persona es el maltratador, impide a muchas mujeres salir de la situación de violencia, ante el horizonte de verse completamente desamparadas. La posibilidad de ser institucionalizada y/o de perder a los hijos o las relaciones familiares es un lastre incuestionable al que se tiene que enfrentar la mujer en aquellos casos en los que no cuente con la ayuda social, asistencial e institucional necesaria.
Si escapar de una situación de violencia es muy difícil para cualquier mujer, para una con discapacidad lo es aún más, especialmente si, como nos dicen los estudios, un número importante de ellas desconoce que está siendo víctima de violencia. En este sentido entendemos que es imprescindible facilitar a las mujeres con discapacidad la información necesaria para, por un lado, identificar las situaciones de violencia y, por otro, conocer los recursos existentes y los derechos que las amparan y que les permiten tomar sus propias decisiones y ser dueñas de su destino.

La labor que podemos desempeñar es fundamental, para lo cual no solamente debemos empatizar con la víctima y conocer a fondo su situación y sus necesidades, sino que hemos de ser capaces de comunicarnos efectivamente, recibiendo y transmitiendo toda la información necesaria de forma comprensible y clara, y contando además, si es necesario, con terceros profesionales.

Que el miedo no te impida denunciarlo.

En este momento que estamos viviendo, queremos lanzar un grito para cesar esta sinrazón:

Hoy, y todos los días, manifestamos nuestra condena absoluta ante la violencia de género, porque el maltratador no tiene cabida en nuestra sociedad, y trasladamos nuestro apoyo incondicional a las víctimas, ya sean mujeres o sus hijos e hijas.

La violencia de género es una responsabilidad de todos.

“La violencia de género nace de la parte más oscura del ser humano y no hay
que ocultarla, ni padecerla, ni encubrirla.
Hay que gritar con valor y energía
¡¡¡Basta

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