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22

abr 2016

Llamemos las cosas por su nombre

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Te invitamos a que dediques un momento a leer este artículo que nos ha escrito Pilar López. Es una reflexión muy clarificadora. Merece la pena.

 

LLAMEMOS LAS COSAS POR SU NOMBRE
El gran problema que ha sido designado como VIOLENCIA DE GÉNERO es a menudo tratado en los medios de comunicación de una manera superficial o incluso desafortunada. Y no es un problema, solo de intencionalidad, sino que muchas veces el concepto que representa es mal interpretado, e incluso mal estudiado. Os hablo desde mi profesión de Psicóloga, en la Universidad, en foros, en libros de texto, y con mucha más frecuencia en revistas de internet, en blogs de profesionales, etc. se pueden encontrar comentarios muy inapropiados. Y esto es lo que me encontré al leer un articulo de una entrevista a una profesional Psicóloga Clínica, por lo que me parece aún más grave el error, sea o no intencionado. La consecuencia es la confusión creada en torno a este reto que nos ocupa: alcanzar la igualdad de género, superar la jerarquización de los sexos-géneros, y aceptar con dicha la diversidad sexual y de género para conseguir relacionarnos de forma sana e igualitaria, superando mitos como el del amor romántico, y estereotipos de género que nos encasillan en qué hemos de ser.
Cuando hablamos de VIOLENCIA DE GÉNERO no se especifica, qué género es quién ejerce la violencia y quién la soporta, por tanto utilizar en este articulo de opinión el término de VIOLENCIA BASADA EN GÉNERO HACIA LAS MUJERES, que es en realidad la temática que nos ocupa, ¿y por qué ese término? Tras siglos y siglos de patriarcado, nuestra sociedad ha normalizado muchas desigualdades entre el género Mujer y el género Hombre, sin tener en cuenta que como personas somos muy diversas, ya seamos mujeres o/y hombres. Ha desarrollado en el imaginario social un ideal de cada uno de los géneros (muy cambiante, en función de la interseccionalidad de raza, clase, edad… entre otros) y que no ha sido casual, ha tenido y tiene una función social: organizar y mantener el patriarcado, sistema en el cual los hombres tienen privilegios de los que las mujeres no gozan socialmente. La violencia ejercida hacia las mujeres es un intento de controlar que los roles, los derechos y los privilegios sean mantenidos, y es por esto que si profundizamos en los diferentes tipos de violencia, en muchos casos no hay violencia física ya que la violencia psicológica consigue muy bien dicho fin (también la violencia sexual).
De hecho, cuando se habla de VIOLENCIA BASADA EN GÉNERO HACIA LAS MUJERES, podríamos hablar no solo lo que la Ley Orgánica ha considerado VIOLENCIA DE GÉNERO solo en el ámbito de la pareja, de los vínculos afectivos, sino de muchas otras formas de violencia que asumen muchas mujeres, o bien, que están en alto riesgo de soportar por el hecho de considerarse mujeres en nuestra sociedad. Me estoy refiriendo a otros más sutiles, soportados diariamente, llamados Micromachismos (término de Luis Bonino) que no son menos graves, sino que son aquellos más sutiles que dan lugar a los siguientes en orden piramidal, siendo los micromachismos las primeras manifestaciones de esa desigualdad de género que todavía está muy enraizada en nuestras vidas, aprendidas y asumidas desde los cuentos infantiles, la representación de los géneros en los medios de comunicación, en el ámbito político…
Otras formas de violencia basada en género hacia las mujeres es el acoso sexual callejero, que proviene de la cosificación de los cuerpos de las mujeres, al servicio del placer del otro género: los hombres. Y si profundizáramos en esta realidad y nos pusiéramos las lentes violetas del feminismo, podríamos analizar con visión de género las realidades cotidianas en las cuales limitamos los derechos de las mujeres, se las considera de segunda categoría, o bien no son tratadas con igualdad de trato, de condiciones y de oportunidades.
Por tanto, si una revista profesional publica que la VIOLENCIA DE GÉNERO es aquella en la que un género violenta a otro, es que no se han tomado en serio la gravedad que representa este término. No slo hemos de preocuparnos de que miles de mujeres hayan sido asesinadas en sus hogares por sus parejas hombres, (o exparejas en un intento de poseer: “sino es mía no será de nadie”) sino también de que miles de mujeres adolescentes se sientan avergonzadas de sus cuerpos, por no parecerse a los que los hombres desean; niñas y niños sean cuestionados por jugar a los mismos juegos y sean tachadas de marimachos o nenazas. Tenemos que ser capaces, o al menos caminar en esa dirección, de poder analizar aquellas relaciones que son relaciones de poder y sumisión, para entender qué aprendizajes nos han servido y cuáles hemos de desterrar para poder amar sanamente, y relacionarnos facilitando la capacidad de desarrollarnos personalmente.
Si los medios de comunicación, la educación, las instituciones políticas etc, señalaran el origen de esta gran injusticia, será más fácil trabajar en cada una de nosotras y nosotros, comprenderíamos mejor qué hay detrás de las creencias de maltratadores y supervivientes de violencia, nos daríamos cuenta que todas hemos vivido alguna situación discriminante, ya sea en el ámbito profesional, en el educativo, en el espacio privado de nuestro hogar o/y por las calles, hayamos sido o no consideradas víctimas de violencia de género. Por tanto, invito a que cada persona le de la necesaria importancia a sus emociones, a las intuiciones que nos avisan de que una relación (o una situación) no funciona bien, y decida elegir qué paso dar para conducir su vida a la dirección que desee, es decir, tome la riendas de su vida, libre de estereotipos que limitan nuestra libertad de ser.
Una vez leí una frase que no recuerdo literalmente, pero que me gustó muchísimo, y la comparto como cierre de este artículo: La humanidad tiene dos alas, una es la mujer y otra es el hombre, hasta que ambas alas no se hayan desarrollado equitativamente el pájaro no podrá volar.

Pilar López Moreno
Psicóloga, Especialista en Violencias basadas en género hacia las mujeres.

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