Mi marido tiene el cerebro del tamaño de un guisante. No lo digo yo, lo dicen los médicos. Nació así, y sin embargo es el hombre más maravilloso del mundo. Aunque nuestra vida en pareja no siempre fue fácil. A menudo se le olvidan fechas relevantes como nuestro aniversario, o incluso el nombre de nuestro hijo. Al hablar, “papá guisante”, como le llamamos, utiliza sólo unas pocas palabras, las únicas que le puedan caber en su diminuto cerebro. Pero siempre sabe elegirlas con sumo cuidado. Para que papá guisante no se pierda andando por ahí, siempre va cogido de mi mano: a hacer la compra, a visitar a mis padres o a los suyos. No obstante, lo que jamás se le olvidará a papá guisante será decirme lo mucho que me quiere, día tras día.
Sergio Gómez Hernández
Loading...




