Recogió una lágrima de su mejilla con la yema de un dedo y se la llevó a la boca, posándola suavemente sobre sus labios. Él no la había provocado, pero quiso que el sabor salado de su dolor, le recordara eternamente, que nunca el amor ha sangrado.
Ernesto Tubía Landeras
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Esta entrada fue creada el 26 marzo 2010 a las 11:47 am dentro de la Categoría-s y etiquetas Concurso de Microrelatos, Quiereme...bien (Tags: Concursos, Ganador, Quiéreme, Quieremebien).
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