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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

01

feb 2018

Gracias a las personas que nos habéis acompañado esta mañana.
Este es el manifiesto que nos ha leído Cintia, Trabajadora Social de Ardacea.

¡Buenos días! Soy la Trabajadora Social de la Asociación Riojana de Daño Cerebral Adquirido y es un honor para nosotros formar parte de esta iniciativa y estar esta mañana aquí con vosotros.
Reflexionar acerca de la mejora de la igualdad es tan fácil como complicado, desde tiempos pasados el machismo ha sido impuesto en las sociedades como un clavo ardiendo, pero poco a poco las mujeres con su unión y su fuerza han ido luchando para lograr cambios. Aún con todo este esfuerzo y dedicación las mujeres seguimos sin tener la igualdad que nos merecemos y por lo tanto la mayoría de hombres se consideran “superiores” a nosotras.
Para conseguir que la igualdad se estableciese en la sociedad como algo “normalizado” habría que conseguir que los salarios entre ambos géneros fuesen equivalentes, que los puestos de trabajo no estuviesen diferenciados por género, que se considerase a la mujer algo más que una simple “cara bonita”, porque nuestras capacidades son igual de válidas que las de un hombre.
Si cada una de estas cosas, entre otras muchas, comenzasen a desaparecer o a interiorizarse por toda la sociedad, tanto hombres como mujeres, los hombres que se creen con derecho a ejercer violencia de género sobre una mujer, y ya no solo físicamente sino psicológica, sexual o económicamente comenzarían a desaparecer. Porque toda la sociedad va unida hacia un mismo objetivo que es la desaparición de esta barbaridad que llamamos violencia de género.
Comenzar a fomentar esta igualdad entre hombres y mujeres desde las calles, desde las casas, desde las situaciones más cotidianas, en los niños, adolescentes, en todos los sitios donde pueda existir un pequeño ápice de machismo, nos va a hacer lograr que esta superioridad de un género sobre otro vaya desapareciendo, y convertirnos así en personas, sin ser diferenciados en cómo somos, cómo vestimos o de qué sexo hemos nacido.
Reivindicar la igualdad no es cosa de una persona, ni de dos, ni de mujeres, ni de hombres; sino de todos aquellos que soñamos con un mundo sin discriminación, sin violencia de género, sin días señalados en el calendario, donde todo sea normal, para todos y entre todos.
Cintia Castellanos
Trabajadora Social
ARDACEA

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