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Programa para el buen trato en parejas jóvenes

14

ene 2016

Muchas gracias a todas las personas que nos habéis acompañado esta mañana.

Este es el manifiesto de ARAD (Asociación Riojana de Ayuda al Drogadicto).

Manifiesto

En ARAD estamos muy satisfechos de la oportunidad que se nos brinda, en este día, de aportar nuestra experiencia, de contar lo que vemos en nuestro ámbito diario de trabajo, las adicciones, y su estrecha relación con esta lacra social que es la VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES.

La asociación entre adicciones y violencia contra las mujeres es algo de lo que se ha hablado siempre, pero, a nuestro juicio, con excesiva timidez. Estamos seguros de que el consumo de alcohol y de otras drogas se correlaciona positivamente con la violencia contra las mujeres (en sus diversas formas).

Una vez dicho que se reconoce la coexistencia de situaciones de maltrato y de adicción, hay que decir ALTO Y CLARO que “no es una relación causal”. El consumo de drogas no es causa necesaria ni suficiente de maltrato a la pareja. Pero, según dijo hace varios años el Defensor del Pueblo, “las mujeres que lo sufren, frecuentemente, atribuyen la violencia que sus parejas ejercen sobre ellas al consumo de drogas, y, de este modo, justifican a sus parejas y esperan que cambien”.

Por otra parte, creemos no se han impulsado lo suficiente los necesarios estudios cuanti y cualitativos para conocer el fenómeno. A pesar de lo anterior hay autores que, tras la realización de sus estudios de investigación, aportan datos preocupantes, como son:

  • ·    En tres de cada diez casos de violencia hacia las mujeres estaba presente el abuso de drogas.
  • ·    En la Red de Atención a las adicciones hay un 60% de mujeres que están sufriendo violencia.
  • ·    En la Red de violencia no hay datos tan claros, pero se sabe que una mujer que sufre violencia tiene 15 veces más probabilidades de sufrir abuso de una sustancia psicoactiva, legal o ilegal.
  • ·    Hay muchas mujeres maltratadas que no acuden a los servicios de la Red de Violencia de Género. Se quedan en la Red de Adicciones. Además es preciso decir en este punto, que, en muchas ocasiones, la coordinación entre ambos tipos de dispositivos presenta demasiadas dificultades.
  • ·    Por el contrario, las mujeres víctimas de maltrato que acceden a la Red de Violencia de Género y que posteriormente es detectada su adicción (muchas veces consecuencia de la situación de violencia sufrida), no acuden a la Red de Atención a las adicciones, lo que supone su expulsión de la Red de atención a la Violencia de Género.
  • ·    La problemática de malos tratos en el ámbito de la pareja u otro tipo de violencia por razón de género, se queda sin trabajar. E incluso, a veces, es un elemento que influye en el abandono del tratamiento e interacciona con el mantenimiento de la adicción

Otro aspecto que creemos muy importante destacar es la doble dirección en la violencia que sufren las mujeres en relación con las adicciones:

·    Las mujeres adictas sufren malos tratos de sus parejas y de su entorno más cercano.

·    La mujer pareja de un adicto también sufre malos tratos por parte de éste.

Nos gustaría destacar algunos aspectos que se deberían tener en cuenta en la intervención en relación con las mujeres que son atendidas en la Red de Adicciones:

·    Son mujeres que sufren una triple victimización social:

o      Por haber sido víctimas de violencia.

o      Por ser adictas y transgredir con ello el rol tradicional de mujer.

o      Por la victimización institucional, ya que son enviadas de un servicio a otro sin encajar, ni ser comprendidas en ninguno.

·    Su capacidad de reacción ante la situación de violencia se reduce cuando hay un abuso de sustancias y, por tanto, se dificulta salir de la situación de violencia.

·    Hay, en la mujer, un mayor sentimiento de culpabilidad y, por tanto, se sienten más merecedoras del maltrato (especialmente por no “cumplir” su papel de esposas y madres). Éste aspecto está muy vinculado a la autoestima de género, lo que dificulta la salida de la situación de violencia.

·    En las mujeres víctimas de violencia solemos encontrar mucha “ocultación del consumo” por miedo a perder los hijos, por miedo al rechazo familiar, a perder el trabajo, etc.

·    La coexistencia de maltrato y adicción deriva habitualmente en: mayores problemas médicos para la mujer, mayor aislamiento familiar, mayor dependencia económica, mayores responsabilidades familiares que implican más dificultad en el acceso y permanencia en determinados tratamientos, etc.

·   

Para finalizar me voy a permitir leeros un testimonio de una mujer, una usuaria de los servicios de ARAD, que actualmente está en tratamiento con nosotros:

TESTIMONIO DE MARÍA:

“Me llamo María y tengo 35 años. A lo largo de mi vida he sido adicta a varias drogas. Y desde hace muchos años soy una mujer maltratada.

Pero empezaré por el principio. Cuando apenas tenía 17 años conocí al que entonces creí que sería el hombre de mi vida. Y no me equivoque del todo: ha sido el HOMBRE, PERO, DE MI MALA VIDA.

Cuando empecé a salir con él, yo no tenía ni idea de lo era una droga: había oído hablar de ellas a mis padres, en el colegio, a mis amigas, pero las veía como algo muy lejano, como algo ajeno a mi mundo.

El aquel momento él ya consumía casi todo tipo de drogas. Yo le insistía en que tenía que hacer algo, que se pusiera en tratamiento. No quería ni oír hablar del tema. Entonces empezaron los empujones, los desprecios y otras coas no me apetece detallar.

Aquí cometí una de las mayores equivocaciones de mi vida. Él quería que consumiera con él, para sentirse menos culpable, para que le dejara en paz. Me costó, pero accedí. Ya había caído. Me maltrataba cuando él consumía y cuando consumía yo.

Y durante todo este trayecto he tenido tres hijos. Tres hijos, que en diversas fases de su corta vida no han tenido ni padre ni madre.

A partir de ese momento mi vida se ha convertido en una sucesión de tratamientos, de ambos, para dejar las drogas. Yo lo he conseguido en varias ocasiones, pero los maltratos continuaban. Cuando él conseguía dejar la heroína, empezaba a abusar del alcohol. Al principio lo entendía, pero enseguida me di cuenta de que “bebía para maltratar, no que maltrataba porque, en ese momento, fuera alcohólico”.

Cuando analizo mi vida, apenas recuerdo momentos de felicidad. Tal vez algún fugaz momento en mi infancia. Pero mis momentos más felices corresponden a los períodos en los mi pareja ha estado en prisión.

En la actualidad mi ex pareja está en prisión y, al parecer tiene para varios años. Yo soy un JUGUETE ROTO, pero con las ayudas que estoy recibiendo y con mis tres hijos, tengo esperanzas de salir de esta situación. Aunque a veces estoy más baja de ánimo y pienso que será imposible”

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